ENSEÑAR
LENGUA
En
este capítulo nos habla que cada día que pasa es más difícil que los alumnos
aprendan porque en las escuelas no
tienen la capacidad de motivar a sus alumnos a que aprendan lo enseñado por los
maestros.
Otro
de los conflicto que pasa en la las escuelas es que los resultado de
analfabetismo va aumentando crecientemente
porque los alumnos no son capaces
de darse a entender en situaciones cotidianas y su relación con la lengua
escrita es pésima.
En
la situación académica de los profesores
es que algunos de los maestro no tienen la capacidad lingüística para
expresarse delante de los alumnos en un aula escolar. También nos habla de la
situación económica de lo que gana un maestro está por debajo de lo debería
gana y por eso desmotiva a los profesores.
la
enseñanza de la lengua en la escuela enfocándose más hacia el lenguaje oral
pues es considerado como un aprendizaje extraescolar, a diferencia de la
escritura sobre la cual se centra toda la atención por considerarla una
responsabilidad obligatoria y en numerosas ocasiones los maestros, por cumplir
con este compromiso, olvidan emplear aquellos conocimientos que los niños traen
de sus casas y que les ayudarán en el proceso de aprendizaje de la escritura,
el mejoramiento de la expresión oral y la comprensión e interpretación de
distintos tipos de mensajes orales.
Es
también el dar a conocer las diferencias entre la lengua hablada y la escrita,
porqué se considera a esta última más difícil que la primera. Cuáles son las
maneras en que la comunicación oral participa de manera constante en la escuela
así como las estrategias a la que los maestros pueden recurrir para propiciar
en los niños los intercambios lingüísticos que les serán de ayuda para mejorar
la comunicación que tendrán con las personas que les rodean.
El
desarrollo del habla en el niño se ve influido por distintos factores como lo
son la familia, la comunidad, el contexto, las costumbres, etc. Estos aspectos
llegan a formar en el niño características particulares en el habla.
En
mi opinión, cualquier argumento a favor de un enfoque comunicativo de la
educación lingüística debe partir de la voluntad de encontrar respuestas a
interrogantes como éstos: ¿Para qué enseñamos lengua y literatura? ¿Con qué
criterios deben seleccionarse los contenidos lingüísticos y literarios?
¿Aprenden de veras los alumnos lo que les enseñamos en las aulas? ¿Qué debe
saber (y saber hacer) un alumno o una alumna para desenvolverse de una manera
adecuada en los diferentes contextos comunicativos de su vida personal y
social?
Si
consultamos al profesorado de lengua en la educación primaria y en la educación
secundaria, a lingüistas (sea cual fuere la orientación de la escuela
lingüística a la que se adscriban) o a especialistas en asuntos pedagógicos
sobre la finalidad de la enseñanza escolar de la lengua, veremos cómo unos y
otros coincidimos en la idea de que el objetivo esencial de la educación
lingüística ha sido, es y quizá deba ser siempre intentar contribuir a la
adquisición y al dominio de las destrezas comunicativas más habituales en la
vida de las personas (hablar, escuchar, leer, entender y escribir).
Por
esta razón, el aprendizaje lingüístico en las aulas no debe orientarse de forma
exclusiva al conocimiento, a menudo efímero, de los aspectos morfológicos o
sintácticos de una lengua, sino, que ante todo, debe contribuir al dominio de
los usos verbales que las personas utilizan habitualmente como hablantes,
oyentes, lectores y escritores de textos de diversa naturaleza e intención. El
enfoque formal o prescriptivo de la enseñanza de la lengua partía de la idea de
que sólo el conocimiento de las categorías y de las reglas gramaticales de la
lengua haría posible la mejora del uso expresivo de las personas, pero, con la
extensión de la enseñanza obligatoria en las últimas décadas a alumnos y a
alumnas pertenecientes a grupos sociales hasta entonces ajenos a la educación
escolar, se ha comprobado que no basta con un saber gramatical que no es sino
una caricatura de cierta lingüística aplicada.
